Como veo que no se anima nadie, aquí va un post que no se si compartiremos demasiado. La razón es que en los primeros ochenta, en realidad igual que hoy día, en Sevilla teníamos los barrios populares (Rochelambert, Juan XXIII, La Oliva) y los verdaderamente marginales (los rojos, las ochosientas, el Polígano Norte). Pues más o menos por el ochenta y dos, en las ochosientas, en los verdes, en los chocolates y en los amarillos, (lease las tres mil), aparte de Pata Negra, Camarón y otros, había una estrella rutilante que llegó al alma de la mayoría de los jóvenes y jóvenas del barrio: EL TIJERITAS. Por aquella época, a mis diez años, hasta ahí llegaba mi conocimiento del medio, es decir, que si mis padres no me llevaban a casa de mis tíos, mi radio de acción era de pocos hectómetros. Y por esta razón no se que alcance tuvo la fama de nuestro héroe en los barrios populares.
Lo que si sé es que con temas como “Cambia de forma de ser”, o “Se tiene que ir”, que aunaban ritmo y sentimiento, para mí se convirtió en el predecesor único de ese otro fenómeno de gasolinera que años después vino a alegrarnos la vida: Camela.
Para mi amigo Agustín, el Tijeritas era además el paradigma de hombre hecho a sí mismo, cuyo éxito en el plano económico podía verse en detalles como que sacó por primera vez los jerseys de lana con dibujos de figuras geometricas colocadas asimétricamente, y los pantalones con pinzas, holgados, que mas tarde llevaría todo el mundo. Del éxito artístico a nadie se le ocurrió dudar, porque las bases preprogramadas del Casio PT1 llegaron a su máxima expresión en sus temas. Y si mirais el video del primer tema mencionado, os dareís cuenta de que su polifacético genio llega tambien al arte de Enrique El Cojo.
Como el mismo cuenta en su tema autobiográfico “Me lo puso Camarón”, fue el mismísimo Camarón de la Isla quien le bautizó artísticamente, aunque, penosamente, parece que los seguidores de Tijeritas no gustan en demasía de Internet, porque el Google no me ha sacado de mis dudas acerca del cómo y cuando ocurrió esto. Y tampoco he devenido en conocer si lo de Tijeritas viene porque acortaba el jipio mas de la cuenta, como decían las malas lenguas.
Al cabo de un par de años de no escuchar nada de él, salvo cuando mi amigo Agustin se venía a mi barrio (era del Conjunto 2 y yo del Conjunto 1), cargando con su cassette mono, un pedazo de SONY que se había traido su padre de Gibraltar, a ponerme su cinta original con los temas “Diki Diki” y el muy bailable “Del Sur a Cataluña”, llegó hasta nuestros oidos una terrible noticia. No solo el malagueño se habia metido desgraciadamente en las drogas, (como hubiera dicho la abuela de mi amigo Carlos, era ya un “drogaito”) sino que además habia tenido la mala suerte de palmarla por un pico adulterado, según unos, o por una “dobledosis” (como diria la susodicha), según otros.
Este hecho llenó de enorme tristeza a mas de uno en el barrio, y aunque a mi no, la verdad sea dicha, me dejó un nosequé de desasosiego existencialista que aún hoy perdura. El caso es que al poco tiempo se desmintió tamaña burrada, y, aunque rumores acerca de su muerte van y vienen en ciclos de aproximadamente un lustro, ahí lo tenemos, apadrinando a Saray Vargas, y componiendo como un jabato.
Como muestra de la versatilidad de las canciones de José Soto, aquí va un montaje que alguien ha hecho que demuestra que al juntar dos artistas geniales lo que sale siempre merece la pena.